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Joan Muntada Bartrina

Joan Muntada Bartrina, 2017 (RM)
Joan Muntada Bartrina, 2017 (RM)

 Conocí a Joan Muntada en 1993 al inicio de mi labor de enfermera en Pals, tarea que consistía en dar asistencia a los enfermos en la consulta, a los que estaban encamados a domicilio o bien podían venir a la consulta por problemas funcionales, también debía estar localizada todo el día y de noche, por si se generaba una urgencia.

Cabe recordar que el Centro de Asistencia Primaria de Palafrugell (CAP) se puso en funcionamiento en 1997 y fue entonces cuando el consultorio de Pals  entro a formar parte de dicho CAP  dentro del  ámbito administrativo y assistencial. 

La gran ventaja fue que las urgencias pasaron a ser atendidas en el CAP de Palafrugell, que estaba abierto las 24 horas del día.

En Pals trabajaba haciendo equipo con el doctor Leu que a menudo me recordaba que era de Taiwán, poniendo delante a ‘Made in’. Me llamaba lógicamente por dificultad que tenía de pronunciar R, Llosa, que añadía el calificativo de bonita.

Al principio de estar en Pals, los pacientes me preguntaban:

¿Existe hoy Rosa de médico, el chino o el de la cola?

Entonces también les decía:

¿Se refiere al doctor Leu o al doctor Baró?

El doctor Baró era el médico que hacía las sustituciones del doctor Leu y llevaba el pelo recogido con una pequeña cola, por eso la palabra. Los pacientes tardaron poco en nombrarles por su nombre.

Esto que diré es un punto de vista muy personal y puedo estar errada, pero he observado que cuando un médico o una enfermera con buena empatía con los pacientes, cuando se marchan les cuesta aceptar a los otros profesionales recién llegados, por ejemplo en Pals echaban faltar al doctor Josep Viscasílles y parecía que los demás eran secundarios, hasta que les cogían confianza.

Tanto el doctor Leu como el doctor Baró tenían consulta en su propio domicilio y el doctor Leu disponía de pacientes esos conductos que pagaban una cuota por ser atendidos en particular. Esta dinámica ocasionaba que a veces debían entregarse cuidados de enfermería fuera de las horas más habituales y sin ser una urgencia.

Joan Muntada a veces venía a la consulta sin presentar síntomas importantes, pero sí tenía alguna lacra o preocupación por algún parámetro corporal. Destacaba que siempre tenía algo que contar era una persona conocedora de muchas cosas de la villa que personalmente supe por él y también era muy observador de la simbología.

A mí también me gustaba escuchar sus observaciones, a veces sorprendentes, un día no sé de dónde le vino, me dijo que era una ‘iniciada’ tal vez se debió al hecho de seguir alguna conversación.

Varias veces tuve que ir a casa a los Masos de Pals a entregar algunos cuidados de enfermería a su madre Mercè Bartrina, por cierto sale al libro de Historias de Pals porque de joven había sido coquesa, o sea que cocinaría puntualmente a casas particulares y más adelante en mesones.

En el libro antes mencionado y consta también algunas historias relacionadas con las hortelanas de los Masos de Pals, de cuando iban a vender al mercado de Begur pasando por un atajo de bosque y cargadas de cestos y fardos.

Joan nos dijo que él acompañaba a sus abuelos Sebastià Muntada y Maria Valls a hacer mercado en Begur y él era quien llevaba un cesto con dos docenas de huevos.

Me ha quedado un poco pendiente con Juan igual es por ese motivo que ahora al localizar unas imágenes de él, me he sentido motivado por contar estas cuatro cosas.

Cabe decir que después de jubilarme, Juan alguna vez me había llamado a casa para preguntar qué hacía, pero también para decirme que fuera a buscarle unos libros que sabía  me interesaban. De hecho, disponía de un tipo de literatura  difícil encontrar en las librerías.

La última vez que me llamó por el teléfono fue para preguntarme qué día me iba bien para ir a comer al restaurante de Can Ruben, se compacia en  poder invitarme.

Siempre igual ocupados por completo y si lo miramos bien, a menudo con cosas de poca importancia, secundarias diría. El hecho es que no pasaron muchos días que me comunicaran que Juan había muerto, una noticia de esas que te dejan fría que no te lo acabas de creer, especialmente porque desconocía que no estuviera bien.

Ahora me sabe mal que no hubiera hecho acto de presencia en su casa, más aún cuando me lo presentaba tan fácil.

En ese momento que estoy escribiendo, siento que agradezco a Juan su voluntad de invitarme, es como si el convite se hubiese producido,  aunque posiblemente para él  no fuese lo mismo. 

Hace poco encontré un vídeo familiar en  el que aparecia Juan debido que  le hicimos una visita a su casa, hemos recortado el fragment del vídeo  para poderlo presentar en este texto, però a causa del peso de las imagenes  lo hemos adjuntado a You Tube y damos el enlace.

Vídeo  Joan  https://youtu.be/hrjZb-G_diA

Notas:

1- Rosa M. Masana. Historia de Pals contada por los palencos. 2012, pags. 173 y 27

 

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